La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo crónico que afecta al sistema nervioso de forma progresiva. Si bien se asocia habitualmente con temblores o rigidez, existe un síntoma menos visible pero igualmente relevante: los trastornos de la deglución. La dificultad para tragar, también conocida como disfagia, puede presentarse en cualquier fase de la enfermedad y tener un impacto serio en la salud y calidad de vida de quienes la padecen.
En este artículo abordaremos cómo afecta el Parkinson a la deglución, qué cambios se producen en la garganta y la boca, por qué aparecen estas dificultades y cuáles son las opciones terapéuticas disponibles. Si le interesa conocer más sobre este aspecto poco tratado, pero fundamental de la enfermedad, le invitamos a seguir leyendo.
¿Qué le pasa a su garganta cuando tiene Parkinson?
El proceso de tragar, aunque parezca automático, implica una coordinación compleja entre la lengua, la faringe, la laringe y el esófago. En pacientes con Parkinson, esta coordinación se ve afectada debido a la alteración del control motor.
Según un estudio realizado con pacientes de la Asociación Parkinson de Asturias, un 36,5% de los participantes presentaba dificultades significativas para deglutir, detectadas con el cuestionario SDQ. De ellos, un 94,7% tenía afectaciones confirmadas en pruebas clínicas como la videofluoroscopia (VED) o la evaluación clínica de la deglución mediante videograbación (MECV-V).
Las principales dificultades observadas fueron:
- Deglución fraccionada (89,5%).
- Presencia de restos tras tragar (57,9%).
- Riesgo de aspiración de alimentos o líquidos.
Estas alteraciones no solo complican la alimentación, sino que pueden derivar en desnutrición, deshidratación o infecciones respiratorias como la neumonía por aspiración.

¿Por qué los pacientes de Parkinson tienen problemas para tragar?
Las dificultades para tragar se deben a la degeneración de las neuronas dopaminérgicas, responsables de coordinar los movimientos automáticos y voluntarios. Al afectarse esta red, los músculos implicados en la deglución pierden eficacia y sincronía.
Los cambios pueden manifestarse de diversas formas:
- Lentitud para iniciar la deglución.
- Falta de fuerza para empujar el bolo alimenticio.
- Dificultad para mantener los alimentos dentro de la boca sin que se derramen.
A medida que la enfermedad progresa, estas alteraciones se hacen más evidentes y pueden interferir con la nutrición, la hidratación y la seguridad del paciente.
¿Cómo afecta el Parkinson a la boca?
La boca también sufre las consecuencias del Parkinson. Se produce una reducción de la movilidad de la lengua, rigidez facial y alteración en el tono muscular, lo que dificulta funciones como masticar, hablar o sellar los labios.
Además, pueden aparecer otros síntomas orales como:
- Sialorrea (salivación excesiva) o, por el contrario, hiposialia (boca seca).
- Problemas en el transporte del alimento desde el plato hasta la boca (78,9% de los casos en el estudio citado).
- Sensación de atragantamiento frecuente, sobre todo con líquidos.
Todo ello contribuye a generar inseguridad en el acto de comer, alterando no solo la fisiología, sino también el aspecto emocional del momento alimentario.
¿Cómo se tratan los problemas de deglución en el Parkinson?
El abordaje terapéutico de la disfagia en pacientes con Parkinson debe ser personalizado y multidisciplinar. Una intervención adecuada permite prevenir complicaciones y mejorar la calidad de vida.
Los principales enfoques incluyen:
- Rehabilitación logopédica: los logopedas trabajan ejercicios de fortalecimiento y coordinación muscular, además de enseñar técnicas compensatorias que facilitan la deglución y reducen el riesgo de atragantamiento.
- Adaptación de la dieta: se modifican las texturas de los alimentos para facilitar su ingesta. Por ejemplo, se utilizan líquidos espesados o alimentos blandos según el grado de afectación detectado.
- Educación y apoyo psicológico: comprender lo que ocurre y recibir orientación sobre cómo afrontar el día a día con disfagia es esencial. La ansiedad o el miedo a comer pueden ser tan limitantes como la propia dificultad física.
En los casos más graves, puede ser necesaria la alimentación por sonda para garantizar una nutrición adecuada y segura.
A tener en cuenta
La disfagia es una complicación frecuente y muchas veces infradiagnosticada del Parkinson. Detectarla a tiempo es clave para evitar complicaciones y mantener el bienestar del paciente.
Por ello, es recomendable:
- Consultar al neurólogo o logopeda ante los primeros signos de dificultad para tragar.
- No normalizar el atragantamiento frecuente.
- Fomentar un entorno tranquilo y sin prisas durante las comidas.
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