In Testimonio Parkinson

“He sentido una mejoría general y, sobre todo, un gran avance a la hora de caminar”

Soy un luchadora nata. He sido corresponsal de guerra y, a lo largo de mi vida, he tenido que afrontar grandes retos tanto profesionales como personales.

Hoy asumo un nuevo desafío, la enfermedad de Parkinson, y la aguja permanente Werth me ha llenado de esperanza.

Hace dos años, alertada por fuertes mareos y vértigos acudí al médico. Éste me suministro un tratamiento que no logró que las molestias remitieran. Mi carácter inquieto y mi gran iniciativa me llevaron a investigar por mi cuenta y no tardé mucho en “autodiagnosticarme” que padecía la enfermedad de Parkinson.

Los especialistas a los que acudí no terminaban de certificar que las dolencias procedían de dicha enfermedad y, lo peor de todo, me recetaban fortísimos medicamentos que incrementaban mi malestar. Esta situación se agravó con un accidente por el que me partí una vértebra y que me inhabilitó para caminar o comer de manera autónoma.

A pesar de todo, no me vine abajo y afronté la enfermedad y las secuelas del accidente como un nuevo reto. A través de un recorte que una amiga me mostró, supe de la aguja permanente descubierta por el científico Ulrich Werth y acudí a Centro de Medicina Neuro-regenerativa.

Actualmente me encuentro en tratamiento. Tanto yo como los médicos que me atendían hasta ahora están expectantes y lo cierto es que los primeros resultados positivos no se han hecho esperar: tras la implantación de las agujas, he sentido una mejoría general y, sobre todo, un gran avance a la hora de caminar. Sigo necesitando apoyo pero mi cuerpo está mucho más erguido.

El bienestar general me ha llevado incluso a desechar el aumento de medicación que me correspondía e incluso he decidido suprimir una de las tomas.

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